Instrucciones

  1. Escribir las situaciones
    • Cada alumno escribe de forma anónima una situación concreta que le cause tensión, ansiedad, miedo, tristeza o frustración en la escuela.
    • Las situaciones deben ser detalladas. En lugar de “Me siento estresado en clase de matemáticas”, deben escribir “Me siento ansioso cuando tengo que salir a la pizarra en clase de matemáticas mientras todos me miran resolver un problema”.
    • Los alumnos pueden incluir tanto situaciones sociales (por ejemplo, “Me siento mal cuando oigo que alguien hablaba a mis espaldas”) como problemas personales (por ejemplo, “Me pongo muy nervioso antes de un examen de matemáticas”).
    • Si procede, el facilitador puede ampliar el ámbito para incluir experiencias de actividades extraescolares, vida familiar o incluso emociones sentidas durante una excursión.
    • No deben incluirse nombres para garantizar el anonimato.
  2. Recogida de las respuestas
    • El animador reúne todas las notas escritas.
  3. Círculo de reconocimiento silencioso (versión estándar)
    • Los alumnos se sientan o se ponen de pie en círculo, bajan la cabeza y cierran los ojos.
    • El animador selecciona al azar y lee en voz alta una situación cada vez.
    • Tras la lectura, el animador pide a los que se han sentido de forma similar que abran los ojos y levanten la cabeza.
    • Los alumnos miran a su alrededor y establecen contacto visual con otros que compartan sentimientos similares.
    • Tras unos instantes, bajan la cabeza y vuelven a cerrar los ojos.
    • El proceso se repite para cada nota.

Versión alternativa: reflexión nocturna en el bosque

  • Esta versión se lleva a cabo por la tarde o por la noche en un entorno forestal.
  • Durante el día, los alumnos escriben sus situaciones y el animador las recoge.
  • Al anochecer, el grupo se reúne en círculo en un lugar designado, cada uno con un faro o una linterna en la mano.
  • El proceso sigue siendo el mismo: los alumnos cierran los ojos mientras el animador lee cada situación en voz alta.
  • Si un alumno se siente identificado con la situación, no sólo abre los ojos, sino que enciende la linterna y apunta hacia el cielo.
  • La oscuridad proporciona una sensación de seguridad, lo que facilita la participación de algunos alumnos.
  • Los que se sienten demasiado tímidos para abrir los ojos pueden seguir viendo el resplandor de las linternas a su alrededor, lo que refuerza la idea de que no están solos en sus experiencias.